Salimos de Málaga a las siete de la mañana y llegamos al Hotel Eurostar Maimonides poco después de las nueve. El hotel esta localizado frente a una de las esquinas de la atracción más visitada de Córdoba, la Mezquita-Catedral. El hotel tenía estacionamiento, razón principal por la que decidimos quedarnos ahí. Cuando estacionamos el carro, una rata salió del motor del carro y nos costó poder salir del vehículo por miedo a que la rata se metiera adentro. Pero pudimos salir corriendo y cerrar las puertas antes de que entrara.
Tras el registro nos fuimos descubrir los encantos de la ciudad. Obviamente comenzamos en la Mezquita-Catedral de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad desde 1984. Este edificio es el monumento más importante de todo el Occidente islámico y uno de los más asombrosos del mundo. En su historia se resume la evolución completa del estilo omeya en España, además de los estilos gótico, renacentista y barroco de la construcción cristiana.
El lugar que hoy ocupa la Mezquita-Catedral parece haber estado, desde antiguo, dedicado al culto de diferentes divinidades. Bajo dominación visigoda se construyó en este mismo solar la basílica de San Vicente, sobre la que se edificó, tras el pago de parte del solar, la primitiva mezquita. Esta basílica, de planta rectangular fue compartida por los cristianos y musulmanes durante un tiempo. Cuando la población musulmana fue creciendo, la basílica fue adquirida totalmente por Abderraman I y destruida para la definitiva construcción de la primera Mezquita Alhama o principal de la ciudad. En la actualidad algunos elementos constructivos del edificio visigodo se encuentran integrados en el primer tramo de Abderraman I.
La gran Mezquita consta de dos zonas diferenciadas, el patio o sahn porticado, donde se levanta el minarete (bajo la torre renacentista), única intervención de Abd al- Rahman III, y la sala de oración o haram. El espacio interior se dispone sobre un concierto de columnas y arcadas bicolores de gran efecto cromático. Cinco son las zonas en las que se divide el recinto, correspondiendo cada una de ellas a las distintas ampliaciones llevadas a cabo.
Entramos el recinto por la bonita Puerta del Perdón que es la entrada principal al patio de la mezquita, llamado hoy en día Patio de los Naranjos. El patio de la Mezquita, en época musulmana, fue utilizado de forma muy distinta al uso que se le dio por parte de los cristianos. Era empleado para impartir enseñanza, celebrar juicios y, al encontrarse abierta al exterior la sala de oración, había una mayor relación con el lugar sagrado. Con la llegada de los cristianos, se cerró la sala de oración debido a la apertura de capillas en el lado norte de la sala. Desacralizado, el patio pasará a presentar características de una plaza anexa a la Catedral, utilizándose como jardín, lugar de esparcimiento y hasta cementerio.
Tan pronto entramos lo primero que nos llamó la atención fue la gran cantidad de columnas y arcos en un tono blanco crema con rayas rojizas. La sala de oración (haram) es un bosque de 850 columnas (originalmente eran más de 1,200) de mármol, jaspe, granito y ónice. Las columnas sostienen arcos de herradura de doble altura (una solución para elevar el techo sin usar columnas excesivamente altas).
Otro lugar importante que vimos fue el mihrab de la mezquita.El mihrab es un nicho, hornacina o pequeña estancia cóncava situada en el centro del muro de la quibla de una mezquita, el cual indica la dirección hacia La Meca, centro sagrado hacia donde los musulmanes orientan su rezo. Es la parte más destacada y ornamentada, sirviendo de guía visual para la congregación. Tradicionalmente es el lugar donde el imán se colocaba para dirigir la oración.
Dentro de las modificaciones que los cristianos le hicieron está la Capilla Mayor que es el corazón cristiano del templo. Esta capilla es un impresionante espacio de estilo renacentista construido en el siglo XVI (iniciado en 1523) en el centro de la antigua mezquita omeya. Destaca por sus bóvedas góticas y detalles renacentistas, integrándose en el «bosque de columnas» de la mezquita. Para ser sincero, la mezquita es tan bonita e impresionante, que las añadiduras cristianas no me llamaron la atención.
Salimos de la mezquita-catedral y mientras al bordeábamos para ir al Puente Romano caímos en la Plaza del Triunfo. Esta plaza es un espacio peatonal histórico situado en el corazón de la ciudad, al sur de la Mezquita-Catedral y junto al río Guadalquivir. En ella vimos el Triunfo de San Rafael, que es un monumento dedicado al ángel custodio de la ciudad. En la misma plaza está la Puerta del Puente, que da acceso al Puente Romano.
Al cruzar la Puerta del Puente llegamos al famoso Puente Romano, construido en el siglo I a. C. Es también conocido como el puente Viejo, ya que fue el único puente con que contó la ciudad durante veinte siglos. La estructura principal data del medievo, pero ha pasado por varias remodelaciones a lo largo de la historia, la última en 2008. A mitad de puente se erige una escultura de San Rafael, obra del siglo XVI.
Al otro lado del puente está la Torre de la Calahorra que es una fortaleza de origen islámico concebida como entrada y protección del Puente Romano. La fortaleza pasó por diversos usos a lo largo de los siglos, aunque destacó especialmente por ser prisión de nobles, además de centro educativo femenino (1863) y cuartel de la Guardia Civil. Desde el 1987 alberga la sede del Museo Vivo de al-Ándalus. Nosotros decidimos echarle una visita al museo, que tuvo un costo de 4.50 €. El museo cuenta con ocho salas donde se puede descubrir la cultura en al-Andalus a través de la arquitectura, la música, la ciencia o la coexistencia de las religiones judía, cristiana y musulmana, entre los siglos IX y XIII. Desde la cima tuvimos una vista panorámica única del Casco Histórico de Córdoba.
Nos regresamos al otro lado del puente y nos fuimos a ver el Alcázar de los Reyes Católicos que fue una antigua residencia real de la ciudad de Córdoba. Está ubicado en uno de los márgenes del río Guadalquivir y desempeñó desde sus orígenes el papel de centro de poder político. En época romana fue sede de la aduana y residencia de los cargos que gobernaban la ciudad: el Procurador y el Cuestor. Durante el periodo visigodo el edificio continuó utilizándose sin modificaciones significativas.
La situación cambió con la invasión musulmana. En época del emirato, Abderramán I y sus sucesores Alhaken I y Abderramán II ampliaron el edificio con nuevas canalizaciones, jardines y caballerizas, adaptándolo al modo de vida andalusí. Tras la conquista cristiana de Córdoba en 1236, se repartió el solar del antiguo Alcázar andalusí entre el obispo, la nobleza y la Orden de Calatrava, y se iniciaron las obras para transformarlo en residencia real. Ya en el siglo XIV se ordenó su fortificación entre 1327 y 1329.
La visita la comenzamos en el Salón de los Mosaicos que es una de las estancias más importantes del recinto. Este salón está decorado con mosaicos de la época romana, fechados en los siglos II y III. Los mosaicos fueron hallados en medio de los trabajos de remodelación de la Plaza de la Corredera. Los mosaicos que originalmente estaban en el suelo ahora adornan las paredes del salón y dan nombre al salón.
Desde los balcones del Salón de los Mosaicos vimos el patio oriental del Alcázar, conocido como Patio de las Mujeres. Buena parte de los restos actualmente visibles en el patio pertenecen al Tribunal de la Inquisición. Previamente los romanos construyeron en ese espacio una edificación portuaria y un pequeño fuerte, y los musulmanes construyeron una gran alcazaba.
Tan pronto llegamos a la planta baja vimos el llamado Patio Mudéjar o Morisco que es el único espacio que permanece en el Alcázar con la misma estructura desde su construcción. De planta rectangular, sus pasillos recorren el patio en cruz terminando los espacios más largos en dos piscinas; y en el centro del patio hay una fuente. La vegetación es típica de los jardines andalusíes como los naranjos y limoneros.
Lo último que visitamos en el Alcázar fue lo más que me gustó, sus jardines. Los Jardines del Alcázar, son un amplio espacio abierto, de estructura uniforme. Su eje principal son unas largas acequias, y estanques por donde discurre el agua, a través de surtidores y están rodeadas, por una gran diversidad de árboles, plantas y flores, como son palmeras, cipreses, naranjos y limoneros, arrayanes y setos, entre otros. Actualmente ocupan parte del recinto histórico de las antiguas Huertas del Alcázar, limitadas por los distintos lienzos de las murallas. Eran abastecidas por aguas procedentes del rio y de la sierra, a través de conducciones.
El recinto histórico de las huertas ha sido dañado por la apertura de la actual Avenida del Alcázar, a mediados del siglo veinte. Igualmente, en las primeras décadas del siglo pasado, se realizó una segregación en la zona occidental, dejando una explanada junto a la muralla oeste que estuvo vinculada a las Caballerizas Reales.
Los actuales Jardines del Alcázar se configuran a mediados del siglo veinte. Se estructuran en tres terrazas a diferentes niveles con diferente tamaño, distribución y orientación, con fuentes y grandes estanques, rodeadas de las más variadas plantas autóctonas. Pero este jardín ha sufrido variaciones en sus límites a lo largo de la Historia, su fisonomía actual no es la original.
A lo largo de la visita de estos jardines nos encontramos con diversas estatuas, y la más importante de ellas fue la que rememora la reunión mantenida entre los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, con Cristóbal Colón.
Salimos del Alcázar y nos fimos a ver la Sinagoga de la ciudad. Esta sinagoga es una pequeña construcción situada en el localizado en el Barrio de la Judería y anexa a la antigua muralla de la medina islámica. El edificio es un gran ejemplo de la arquitectura mudéjar muy influenciada por la cultura árabe y por las ideas estéticas del reino nazarí de Granada y constituye el único testimonio de la arquitectura religiosa hebraica conservado en la ciudad. Fue construida a comienzos del siglo XIV, entre los años 1314 y 1315. Se sabe las fechas gracias a la inscripción fundacional hallada en 1884 en el muro este de la sala de oración.
Al final de la Calle Judíos nos encontramos con las antiguas murallas de la Calle Cairuán y una de las puertas que daba acceso al interior de las aniguas murallas de la ciudad. Se trata de la Puerta de Almodóvar, que es una puerta de origen árabe, como todo en Córdoba. Su nombre procede del antiguo camino que comunicaba esta puerta con la población de Almodóvar del Río. Asimismo, albergaba otras denominaciones en época musulmana como puerta del Nogal (Bab al-Chawz) o puerta de Badajoz, constituyendo una de las puertas de entrada del lienzo oeste de la muralla. Se trata de una de las tres únicas puertas que se conservan actualmente del recinto medieval cordobés junto con la puerta del Puente y la puerta de Sevilla. No obstante, se trata de la más antigua y menos modificada del conjunto.
Ya eran las tres de la tarde y decidimos buscar donde comer. Estábamos cerca del Mercado Victoria y hacia allá nos dirigimos. El Mercado Victoria es un mercado gourmet que cuenta con multitud de puestos gastronómicos, tanto nacionales como internacionales y se puede probar sabores asiáticos, árabes o argentinos, pero también platos típicos de la provincia de Córdoba. Tiene también puestos de sushi, hamburguesas, pizzas, ostras y conservas, y según leí el mejor salmorejo cordobés. Yo fui a un puesto llamado Arrocería y Pulpería y por supuesto ordené eso mismo, paella y pulpo a la gallega. Y que cosa más rica, para chuparse los dedos estaba.
Seguimos nuestro caminar por la ciudad hasta llegar a una de las plazas más antiguas de la ciudad. Se trata de la Plaza de las Tendillas, cuyos inicios se remontan al siglo XV. Durante esta época era una plazuela de pequeñas dimensiones en la que se situaban un pequeño hospital y un convento. Además, en ella existía una gran actividad comercial en pequeñas tiendas, de donde la plaza tomó su nombre. Durante los siglos XVII y XVIII, la plaza, que seguía siendo de menores dimensiones que en la actualidad, se destinó al mercado. Tras sucesivas reformas, se ha convertido en uno de los lugares de encuentro preferido por cordobeses y visitantes. En la plaza vimos el Monumento al Gran Capitán, una escultura ecuestre dedicada al militar español Gonzalo Fernández de Córdoba.
Más adelante vimos el Templo Romano, con sus columnas corintias reconstruidas. Dedicado al culto imperial, asombra por sus grandes dimensiones. Formó parte del Foro Provincial junto con un circo. Originariamente estaba elevado sobre un podio y contaba con seis columnas corintias en su entrada. Frente a ésta se levantaba el ara o altar. La reconstrucción ha mostrado la grandiosidad de esta urbe en época romana. Algunas de las piezas originales del templo se encuentran expuestas en el Museo Arqueológico o en inusuales rincones de la ciudad, como la columna estriada de la plaza de la Doblas. Nosotros lo vimos desde la calle, pero se puede visitar libre de costo.
Luego fuimos a la Plaza de la Corredora que es la única plaza mayor cuadrangular de estilo castellano en Andalucía. Construida en el siglo XVII, ha sido circo romano, plaza de toros, escenario de ejecuciones de la Inquisición y mercado. Hoy en día está llega de cafés, bares y restaurantes. A mi se me pareció mucho a la Plaza Mayor de Madrid.
Ya era casi las seis de la tarde, estábamos cansados, pero aún nos quedaba por visitar dos lugares. Nos regresamos al Barrio de la Judería para echarle un vistazo a la Calleja de las Flores. Esta calle es una de las más tradicionales de Córdoba y destaca por tener unas características arquitectónicas únicas. Se puede ver la influencia islámica y de un posterior trabajo por parte de los cristianos. Es una calle estrecha, empedrada, con casas que se van alineando a cada lado. Como su propio nombre indica, está adornada con flores. Tanto los balcones de las casas como las ventanas tienen macetas con flores.
Y por fin llegamos a nuestra última parada descubriendo los rincones de Córdoba, subimos a la Torre Campanario de la Mezquita-Catedral. Cómo era de esperarse, originalmente la torre era el minarete de la mezquita desde donde se hacía el llamado a la oración. Con la llegada de los cristianos, construyeron el campanario encima del minarete. La entrada nos costó 4€ y subimos a una altura de 40 metros, lo que equivale a un edificio de 12 pisos, por escaleras estrechas de escalones muy altos. Esta construcción es la más alta que hay en Córdoba y las vistas de la ciudad desde lo alto son las mejores que se pueden encontrar.
Esa noche cenamos en el restaurante Moriles Ribera, que se encuentra a orillas del Río Guadalquivir. EL lugar es muy bonito y fancy. Ordené la ensaladilla rusa con salmón ahumado de aperitivo y de plato principal espaguetis a la carbonada junto a una cerveza. La comida estuvo muy buena, si están por Córdoba les recomiendo el restaurante.
El itinerario completo del viaje a España lo puedes ver pinchando aquí.


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