Había llegado el día de visitar el plato fuerte de Granada, la famosa Alhambra. Los boletos de entrada los compramos con anticipación en la página oficial y tuvieron un costo de 14€, incluyendo los palacios nazaríes que se visitan en unas horas en específico y a nosotros nos tocó a las 11:30am. El complejo abre desde las 8:30am y nosotros llegamos a las 9am para visitar las diferentes áreas de la Alhambra y estar listos para terminar la visita con los Palacios Nazaríes.
Concebida como zona militar al principio, la Alhambra pasa a ser residencia real y de la corte de Granada, a mediados del siglo XIII, tras el establecimiento del reino nazarí y la construcción del primer palacio, por el rey fundador Mohammed ibn Yusuf ben Nasr, más conocido por Alhamar. A lo largo de los siglos XIII, XIV y XV, la fortaleza se convierte en una ciudadela de altas murallas y torres defensivas, que alberga dos zonas principales: la zona militar o Alcazaba, cuartel de la guardia real, y la medina o ciudad palatina, donde se encuentran los célebres Palacios Nazaríes y los restos de las casas de nobles y plebeyos que habitaron allí. Creada originalmente con propósitos militares, la Alhambra era una alcazaba (fortín), un alcázar (palacio) y una pequeña medina (ciudad), todo al mismo tiempo.
Comenzamos el recorrido en los Jardines del Generalife que están justo al pasar el pabellón de acceso al complejo. A estos jardines se le conocen como los Jardines Bajos. Los jardines son un espacio paisajístico que conecta el recinto de la Alhambra con el Palacio del Generalife. Fueron creados a partir de 1931 tras la adquisición del Generalife por el Estado. Originalmente tenía un estilo de jardín-laberinto con rosaledas y cipreses, luego se le añadió una acequia en crucero, senderos y muros tupidos de cipreses. Cuentan con pérgolas abiertas hacia la Alhambra y la ciudad de Granada, estanques rectangulares, flores como lavanda y rosales, y un teatro al aire libre en su extremo sur donde se realizan espectáculos en Verano.
Al final de los jardines llegamos al Palacio del Generalife, específicamente al Patio de la Acequia que es la parte más importante del Generalife. Su aspecto ha cambiado desde los tiempos árabes, tanto en sus construcciones como en los ajardinamientos. Tiene un canal que divide el patio longitudinalmente, que conduce las aguas de la acequia de la Alhambra, y que está rodeado de un conjunto de pequeños surtidores, y que termina en sus extremos en dos tazas de piedra. El resto del patio está ocupado por distintas especies vegetales que han ido variando según los gustos de la época. En la actualidad encontramos setos de arrayán, naranjos, cipreses y rosales.
Al final del Patio de la Acequia vimos la Sala Regia, que se acede atravesando un pórtico de cinco actos. La Sala Regia fue construida en el siglo XIV como un espacio de representación privada y descanso para los sultanes nazaríes en su residencia de verano.
Justo al lado está el Patio del Ciprés de la Sultana, que tiene un estanque central rodeado por setos de arrayán y en el centro del estanque existe otro pequeño estanque con una fuente de piedra. El patio recibe su nombre de los viejos cipreses que encontramos en el patio, el más famoso de los cuales es el Ciprés de la Sultana en el que, según la leyenda, se veían la esposa de Boadbil y un caballero abencerraje, lo que desencadenó finalmente la muerte de los señores de esta noble tribu, que fueron degollados.
En el patio hay una escalinata de piedra del siglo XIX con pórtico y dos leones de cerámica vidriada llamado Puerta de los Leones, por donde se llega a la parte alta de los jardines, que se extienden desde el cerro del Sol hasta el camino del Rey Chico, jardines colgantes que van desde simples huertas hasta macizos de arrayán, bojes recortados o cipreses centenarios. En la parte alta de los jardines hay varias áreas, tipo miradores, con excelentes vistas de la parte baja de los jardines y de la Alhambra.
Recorrimos la parte alta de los jardines, pasando por el Paseo de las Adelfas que es un camino sombreado que conecta distintas zonas del Generalife, flanqueado por adelfas que en primavera y verano llenan el aire de color y aroma. Es un tramo ideal para caminar con calma y disfrutar de las vistas hacia los jardines y la Alhambra al fondo. El suelo es empedrado y tiene unas ligeras pendientes. En nuestra visita fue la zona del Generalife más tranquila y ya era hora pico de visitas. Este paseo formaba parte del acceso original utilizado por los reyes nazaríes para desplazarse entre las huertas y los palacios.
Siguiendo el Paseo de las Adelfas salimos del Generalife y nos adentramos en la Alhambra. Justo en la entrada de la Alhambra vimos el antiguo acueducto. La Acequia Real de la Alhambra es un sistema hidráulico histórico que desempeñó un papel fundamental en el sostenimiento de la vida y la belleza arquitectónica dentro de la Alhambra. Construida durante el siglo XIII bajo la dinastía nazarí, esta acequia fue diseñada para desviar agua del río Darro y conducirla, en ascenso, hasta la Alhambra; se trata de un logro impresionante de la ingeniería islámica medieval. El sistema proporcionaba un suministro de agua continuo y controlado, destinado al consumo, el riego, los baños y las numerosas fuentes y estanques que caracterizan al conjunto palaciego. Diseñada minuciosamente con pendientes precisas, la acequia garantizaba un flujo constante de agua a través de las distintas zonas de la Alhambra, incluidos espacios como los jardines del Generalife.
Nuestro acceso a la Alhambra se hizo por la Calle Real de la Alhambra. Esta calle constituía el principal eje de la zona residencial y los talleres de artesanos al servicio de la corte nazarí. Se extendía desde la Puerta del Vino hasta la zona donde hoy se sitúa el Parador de San Francisco y el Palacio de los Abencerrajes. Está flanqueada por cipreses podados a la perfección.
La primera edificación que nos encontramos casi al final de esta calle fue el Baño de la Mezquita que data de la época del sultán Muhammad III (1302-1309) y fue diseñado para acompañar a la antigua Mezquita Mayor que, desafortunadamente, los cristianos derribaron para construir la Iglesia de Santa María. El baño conserva restos de las salas típicas de un baño árabe: azulejos nazaríes, restos de yeserías, los tragaluces de sus techos abovedados y muchos arcos.
Justo frente a al baño vimos la Iglesia de Santa María, que como mencione arriba, se construyó en el lugar donde estaba la mezquita. Es una iglesia pequeña a la cual no entramos. Según leímos tiene planta de cruz latina y capillas laterales, y destaca su retablo barroco con grandes columnas salomónicas del siglo XVII. Creo que la vista que tuvimos de la iglesia desde el Generalife me gustó más a la vista que teníamos estando justo al lado de ella.
Luego visitamos el Palacio de Carlos V, construido por los cristianos entre el 1527 y el 1957. La construcción pasó por varias etapas, falta de fondos, sublevaciones que pararon las obras, etcétera. Los techos llegaron a hundirse por abandono. El origen del Palacio de Carlos V se debió a la necesidad de un lugar que reuniese todas las comodidades de la época para el emperador y su familia, ya que el Alcázar, que era su residencia de verano, no cubría sus necesidades. El emperador ordenó la construcción del palacio junto a la Alhambra para poder disfrutar de sus maravillas.
El palacio es cuadrado, con una fachada principal de 63 metros de ancho por 17 metros de alto. Destaca su patio circular en el centro, único en su estilo y la obra más destacada del renacimiento en España. Sólo están decoradas las fachadas sur y oeste en su totalidad. La norte y este sólo en parte, debido a que el edificio está unido al Alcázar de la Alhambra.
Ya iba a ser la hora que teníamos reservada para visitar los Palacios Nazaríes y nos dirigimos hacia ellos. Estos palacios se encuentran localizados detrás del Palacio de Carlos V. Comenzamos con la Sala del Mexuar que debe su nombre al término árabe Maswar, lugar donde se reunía la Sura o Consejo de Ministros. También era el lugar o la antesala donde el Sultán impartía justicia. Esta estancia debió pertenecer a una estructura anterior al Palacio de Comares y al de Los Leones, probablemente al construido por Isma’il I (1314-1325) y ha sufrido numerosas restauraciones y reconstrucciones. Según las citas del poeta Ibn Zamrak, podríamos decir que pertenecería a los primitivos alcázares nazaríes. Tanto las reformas realizadas tras la ocupación cristiana como la explosión en 1590 de un polvorín que causó grandes destrozos han producido grandes modificaciones en la distribución y la comunicación, por lo que es difícil saber cómo era originalmente. Realmente, lo único que queda es la nave oriental, que es a lo que llamamos en la actualidad Mexuar, que tampoco se ha mantenido a salvo de reconstrucciones cristianas, y la galería y Torre de Machuca. El exterior de los muros de la sala del Mexuar han sufrido tantas modificaciones que no se sabe cómo eran originalmente.
Al salir del Mexuar caímos en el Patio del Cuarto Dorado. Este pequeño patio situado entre el Mexuar y el Cuarto Dorado del Palacio de Comares sirve de unión entre ambos palacios. Durante la época cristiana, tenía unas galerías de madera, para comunicar las habitaciones altas, que se conservaron hasta el siglo XIX. La fuente que ocupa el centro del patio en la actualidad es una copia exacta (de 1943) de la fuente original, la cual se encuentra en los Jardines de Daraxa.
Comenzamos la visita al Palacio de Comares por la Sala de la Barca, que es la antesala al Salón de los Embajadores. Su nombre proviene de una alteración de la palabra árabe al-baraka (que significa «bendición» y se repite en la decoración de los muros) o de la forma de quilla invertida de un barco que recuerda su techo. Servía como sala de espera para los súbditos y embajadores antes de ser recibidos por el sultán en el Salón del Trono.
El Salón de Embajadores es la sala más majestuosa de palacio, donde se encontraba el trono y se realizaban las recepciones oficiales. Tuvo suelo de mármol, aunque hoy día es de losetas de barro, en el que se observa en el centro el escudo de los Alhamares, realizado en azulejos en el siglo XVI. El salón está repleto de inscripciones decorativas: tacas, nichos, arcos, paredes, camarines, etc. se hayan repletos de poemas, alabanzas a Dios, al emir, el lema de los nazaríes o textos del Corán, como el que encontramos en la cámara central, la del trono. La cámara central, es la de mayor riqueza en cuanto a su decoración. El techo se presenta como la representación de los Siete Cielos del Paraíso Islámico, con el trono de Dios situado en el centro, representado por el cubo central de mocárabes (elementos ornamentales y arquitectónicos propios de la arquitectura islámica), y los cuatro árboles de la vida situados en las diagonales. La cúpula es una obra maestra de carpintería. Está compuesta por paños de madera de cedro cubiertos de lacería, con un gran cubo de mocárabes en el centro, salpicado de multitud de estrellas, pintado de tal manera que parecen nácar, plata y marfil.
Salimos de la Sala de los Embajadores y caímos en el famoso Patio de los Arrayanes, que se ha llamado de diversas formas a lo largo del tiempo. La actual denominación se debe a los macizos de arrayanes cuyo color verde vivo contrasta con el piso de mármol blanco del patio, y que rodean al estanque central. Este patio es el eje central del Palacio de Comares y tiene un estanque de 34 metros de largo que divide el patio longitudinalmente y se abastece de agua gracias a dos fuentes de mármol situadas en cada extremo. El Patio de los Arrayanes es uno de los rincones más espectaculares de la Alhambra. El contraste entre el estanque, los arrayanes y la Torre de Comares, junto con los arcos y las yeserías, hace que sea un lugar realmente especial. Además, el reflejo de la arquitectura en el agua le da una profundidad increíble y es de esos sitios donde merece la pena pararse un rato y mirar todos los detalles.
Luego visitamos el tercer y último de los palacios, el Palacio de los Leones. Iniciamos la visita en su patio, llamado Patio de los Leones. Este patio es quizás el lugar más conocido de la Alhambra. Es la joya de la corona y el espacio más célebre de los Palacios Nazaríes en la Alhambra de Granada. Construido en el siglo XIV bajo el mandato del sultán Muhammad V, representa la cumbre artística y arquitectónica del arte nazarí, diseñado como una alegoría del paraíso islámico.
Su nombre se debe a los doce leones surtidores de la fuente que ocupa el centro del patio, leones sobre los que descansa la gran taza de forma dodecagonal y que la rodean. Esta fuente, de mármol blanco, es una de las más importantes muestras de la escultura musulmana. El patio rectangular está rodeado por una galería sostenida por 124 columnas de mármol blanco, que simulan un oasis de palmeras con estilizados arcos decorados con complejas filigranas de yesería y mocárabes. Desde la fuente central nacen cuatro canales que corren en dirección a los cuatro puntos cardinales, recreando la división de los cuatro ríos del Paraíso descritos en el Corán (agua, leche, vino y miel).
El último salón que visitamos fue el Salón de los Reyes, que es el espacio más largo, áulico y enigmático del Palacio de los Leones. Esta estancia de más de 30 metros de longitud funcionaba como un vestíbulo monumental dedicado a recepciones festivas, asambleas, tertulias y momentos de descanso de la corte nazarí. El elemento más extraordinario e insólito de esta sala son sus tres falsas bóvedas de madera revestidas de cuero, decoradas con pinturas de un valor artístico incalculable. Son un ejemplo único de pintura gótico-lineal (o estilo Trecento italiano) dentro de un palacio islámico, fruto del rico intercambio cultural entre el taller de artistas cristianos de Toledo y el sultanato de Muhammad V.
Terminamos la visita de los Palacios Nazaríes y nos fuimos al Palacio del Partal que es la estructura palaciega más antigua que se conserva en todo el complejo de la Alhambra. Fue construido a principios del siglo XIV (hacia el año 1305) bajo el mandato del sultán Muhammad III, este palacio precedió a los famosos Palacios de Comares y de los Leones, sirviendo como una tipología inicial y fundamental de la arquitectura real nazarí. A diferencia de otros palacios cerrados de la Alhambra, el Partal se abre de forma transparente hacia el paisaje exterior.
El itinerario completo del viaje a España lo puedes ver pinchando aquí.


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